miércoles, julio 6, 2022

El caminante

Por Claudia Benavente

Fuente: La Razón

Se va la primerita. Lloré por ti/al pensar que no me amabas/te reprocho, te odio y desprecio/por tu mal proceder. Carlos charanguista. Carlos caminante. El tiempo del blanco y negro ha dejado poco en los laberintos youtuberos: escasos videos en los que “Los Caminantes” vuelven a traer los recuerdos de inolvidables cuecas. Ahí están cantando como si fuera hoy, Carlos Palenque, Pepe Murillo y Percy Bellido, iluminados en pintudísimas chaquetas tomadas del chuta. Claro, estos jóvenes no podían escapar a la inspiración del paceño personaje carnavalero: chuta alegre, chuta paceño, chuta musical, chuta cholero. Mientras los de su clase intentaban copiar los pasos del rock and roll o del twist bajaditos del norte, estos valientes jóvenes empuñaron el charango y la guitarra clásica para disparar afanosamente música de “aquí” (la apertura de los 60’ a las identidades tercermundistas comenzaba): primero del “aquí” argentino y más pronto que mañana, del “aquí” boliviano con sus cuecas, sus huayños y sus taquiraris. El paso de las zambas argentinas al charango fue un puente al compromiso con lo nacional popular. Contra todo y con todo. Pepe Murillo dejó para siempre su trabajo en un banco para subirse al barco de la aventura artística. No había retorno y hoy no quedan arrepentimientos. Buses, trenes, días enteros para llegar hasta Buenos Aires y estampar en esos escenarios el folclore boliviano. Vibraba el charango, lo envolvía la guitarra y los golpes del bombo abrían las puertas de la legitimación de la “música de indios”. El amigo leal de toda una vida, Pepe Murillo, en el reciente documental del periodista Gustavo Cortez, recuerda las recomendaciones de quienes en ese entonces los contrataban para cenas privadas de la clase media (o media alta) de tocar zambas y boleros, y no “esa otra música”. Los Caminantes desobedecían y emocionaban porque nuestros ritmos están debajo de la piel. El cholo condepista ya andaba suelto.

Segundita (la que le falta, llok’alla). Dicen que no me quieres/eso no me importa… Carlos caminante. Carlos camino al micrófono. Carlos camino al poder. Si se atrevió a interpretar la música de los de abajo, dar voz a los del pueblo era pichanga. Buen orador, dueño de los escenarios, la radio era la ruta natural. Fue esa misma ruta la que le presentó a la chola Remedios y al compadre Paco. El resto lo hizo la gente. Los pobres, los cholos y los indios desfilaban primero frente al micrófono y después frente a las cámaras de televisión de Palenque Avilés. La ópera Compadre, gran logro del compositor Nicolás Suárez, con el guion exquisito de Verónica Córdova, lo expone con maestría. “Y usted, compadre, ¿qué necesita?/ Pan, alivio, medicinas, techo, empleo, dignidad/ Compadres, comadres, ¿qué necesitan?/Un abogado, un cuaderno, una consulta, una cuna, una esperanza, una palabra/un espacio para hablar”. La voz de los sin voz. Arriba los pañuelos.

Jach’a uru. Compadre caminante, ese gran día está llegando/recordémoslo, está llegando/debemos estar juntos/para acabar con nuestra miseria y dolor. Cholo Condepista enamorando a las enormes multitudes. Compadre infalible, desde la altura del micrófono no se ve con claridad la muerte. Desde el abrigo de todo un pueblo no se siente la fragilidad del ser humano. En medio de grandes concentraciones se oculta la soledad. Carlos Mesa, en la serie de documentales Bolivia Siglo XX, dedica uno de los capítulos a Palenque y con aguda interpretación lo pone en la categoría de las figuras políticas (artísticas y mediáticas) más sobresalientes del siglo XX. Desde su partido político, Conciencia de Patria, el charanguista quiebra lo hasta entonces dibujado en la política y deja la puerta entreabierta a lo que vendría después de la mano del MAS. Sin embargo, ni el antes ni el después logró concentrar la emocionalidad incontrolable del último tiempo de este innato comunicador. La ruptura del Compadre Carlos y la Comadre Mónica (siempre a su lado y con propia vida) parecía dividir un gran sueño andino. Las peleas subidas de tono entre Palenque y sus adversarios políticos de todos los pelajes se veían minúsculas al lado de esta larga noche. Sin embargo, a estas alturas de lo caminado, caminante, las polleras ya habían entrado al Parlamento con Remedios Loza y no había vuelta atrás. Era 8 marzo de 1997: podías partir tranquilo, compadre caminante. Uka jach’a uru jutaskiway/ Amuya sipxañani jutasquiway/Taspacha llakinacasti/Amuya sipxañani tukusiniu.

Claudia Benavente es doctora en ciencias sociales y stronguista.

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