La presencia de “carbonilla” en motores se ha convertido en un nuevo dolor de cabeza para conductores, transportistas y productores, al generar fallas mecánicas, pérdida de potencia, daños en inyectores y obstrucción de sistemas de combustión, encendiendo las alertas sobre la calidad de la gasolina que se comercializa en el país.
La carbonilla es una acumulación de residuos sólidos producto de una combustión deficiente, que se adhiere a válvulas, pistones, inyectores y cámaras de combustión, afectando el rendimiento del motor y reduciendo su vida útil. Mecánicos y técnicos señalan que este fenómeno puede estar relacionado con combustible de mala calidad, mezclas inadecuadas, impurezas y deficiencias en los procesos de refinación o distribución.
Conductores reportan aumento en el consumo de combustible, pérdida de potencia, fallas en el arranque, vibraciones y daños prematuros en piezas, lo que obliga a realizar limpiezas técnicas, reparaciones costosas e incluso el cambio de componentes, generando un impacto económico directo en los usuarios.
El problema no solo afecta a vehículos particulares, sino también a transporte público, maquinaria agrícola, generadores eléctricos y equipos industriales, lo que agrava la situación en sectores productivos y servicios esenciales.
Especialistas advierten que, si no se aplican controles técnicos rigurosos sobre la calidad del combustible, la carbonilla puede convertirse en un problema estructural que impacte en la seguridad vehicular, el costo de mantenimiento y la sostenibilidad del parque automotor del país.
La situación ha reavivado el debate público sobre la calidad de la gasolina, los procesos de control estatal, la fiscalización en estaciones de servicio y la necesidad de transparencia en la cadena de importación, refinación y distribución de combustibles.


