Pasó casi un año de un atentado que conmocionó al sistema político en Uruguay. En la madrugada del 28 de septiembre de 2025, delincuentes llegaron hasta la casa de la fiscal general de Uruguay, Mónica Ferrero, vestidos de negro, con capuchas y guantes. Treparon por los techos hasta llegar a la vivienda que tenían en la mira. Allí dispararon tres veces y lanzaron una granada que detonó en el patio. Por 15 centímetros, según declaró la propia fiscal, no la mataron.
En la mañana de ese domingo, el presidente Yamandú Orsi habló con su antecesor, Luis Lacalle Pou, y hubo unanimidad en el sistema político para condenar el episodio. Enseguida, un nombre empezó a estar en la mira de las autoridades: la primera hipótesis fue que Sebastián Marset estuvo detrás del ataque.
Casi un año después del atentado, la investigación tuvo novedades y permitió conocer quién intentó ejecutar el crimen, quiénes lo idearon y el vínculo que tenían con Marset, quien hasta ese momento se encontraba prófugo.
La semana pasada fueron condenadas dos personas por el atentado contra Ferrero.
Uno de ellos, Daniel Alejandro Garaza, fue condenado como autor intelectual de un delito de asociación para delinquir, atentado agravado y estrago agravado. Deberá cumplir siete años y tres meses de penitenciaría.
Garaza fue el ideólogo del atentado, informó el diario El País. Lo ideó junto a su padre, Jorge, un expolicía que ya había sido condenado por tener vínculos con el narcotraficante Sebastián Marset, quien tras ser detenido en Bolivia en marzo será juzgado por lavado de activos y narcotráfico en Estados Unidos.
Los hallazgos de la investigación señalan que Garaza viajó a Bolivia para planificar el ataque, luego reclutó personas en Uruguay y, después del atentado, se encargó de planificar la destrucción de evidencias. Esto incluía matar, de ser necesario, a uno de los autores materiales que pudiera vincularlos con el crimen.
Uno de los viajes a Bolivia ocurrió en febrero de 2025, siete meses antes del atentado. Garaza viajó desde Brasil junto a Adrián Arrigoni, otra persona que también se encargaba de reclutar gente para ejecutar el ataque y que ya fue condenada. Garaza ya era requerido en ese momento por la Justicia uruguaya y se presume que evadió controles migratorios para ingresar al país, según consignó El País.
Un segundo viaje ocurrió semanas antes del atentado. Garaza estuvo en Santa Cruz de la Sierra, el mismo lugar donde fue encontrado Marset cuando fue detenido. Allí tramitó una residencia temporal por dos años. Regresó a Uruguay el 25 de septiembre, tres días antes de ordenar el ingreso a la casa de Ferrero.
Para regresar al país, Garaza tomó un vuelo a San Pablo, luego otro a Pelotas y llegó de forma clandestina. Su padre Jorge fue a buscarlo.
El otro condenado de la semana pasada fue Leonardo Washigton Pereira, quien colaboró con la logística del ataque. Esperó afuera de la casa de Ferrero para concretar la huida.
Pereira fue condenado por los delitos de asociación para delinquir y receptación agravados, y como coautor de atentado agravado, estrago e incendio. Deberá permanecer ocho años en prisión.
Hasta ahora son seis las personas condenadas por el atentado contra Ferrero.
A las 04:18 se identificó a Pereira conduciendo el mismo Volkswagen Bora que posteriormente sería utilizado junto a una camioneta Great Wall para escapar del ataque.
Tras la ejecución del atentado, comenzó el proceso de destrucción de pruebas, señala la sentencia consignada por el medio uruguayo. Garaza manejó incluso la posibilidad de asesinar a uno de los autores materiales.
En una conversación con Arrigoni, se mostró preocupado por la posibilidad de que se hubiera dejado evidencia. “¿Decís que hay huellas peluca? Hay que picarlos, entonces”, sugirió.

