El incremento de los precios de los alimentos, el transporte y otros productos básicos está obligando a las familias bolivianas a ajustar sus presupuestos y limitar sus compras a lo indispensable. Mientras los ingresos no aumentan al mismo ritmo, los comerciantes advierten una caída en la demanda que dificulta mantener sus negocios.
En Santa Cruz, el kilo de pollo se comercializaba a Bs 15,50, frente a los Bs 13,50 de la semana anterior. La carne de res de primera llegaba a Bs 75 el kilo, la de segunda a Bs 65 y la carne molida a Bs 56. En La Paz, el pollo se vendía a Bs 16 y la carne de res alcanzaba los Bs 88 por kilo. Comerciantes señalan que sus clientes compran cantidades menores debido a la falta de dinero circulante.
El encarecimiento también afecta al pan y otros productos esenciales. En algunos departamentos se aplicó un incremento de Bs 0,20 por unidad de pan, mientras los panificadores atribuyen las presiones al aumento del precio de la harina, cuyo quintal subió cerca de Bs 100. La presidenta de Panificadores Independientes, Elizabeth Galarza, afirmó que buscan alternativas para evitar nuevas alzas y mencionó que redujeron el gramaje.
Otros alimentos registraron aumentos importantes: la arroba de papa pasó de Bs 40-50 a Bs 80-90; el aceite subió de Bs 18 a un rango de Bs 20-25, y el quintal de arroz, que costaba alrededor de Bs 350, ahora se encuentra entre Bs 400 y Bs 600. Estas variaciones reducen la capacidad de compra de los hogares y obligan a reorganizar los gastos cotidianos.
El economista y exministro Ramiro Cavero señaló que la inflación acumulada de los últimos años no estuvo acompañada por un incremento equivalente de los salarios. Por su parte, el economista Fernando Romero explicó que las familias suelen postergar gastos considerados prescindibles, como entretenimiento, restaurantes, viajes, ropa no urgente y bienes duraderos; algunas también pueden reducir el consumo de determinados alimentos o aplazar consultas médicas y actividades educativas complementarias.
El impacto es diferente para quienes reciben un salario fijo y para quienes trabajan por cuenta propia con ingresos variables. Según los expertos, más del 80% de la población ocupada trabaja por cuenta propia, por lo que el encarecimiento de la mercadería y el transporte puede reducir directamente sus ganancias. Los pequeños comerciantes deben decidir entre subir sus precios para compensar los costos o absorber parte del aumento para no perder clientes, en un contexto que mantiene bajo presión tanto el consumo como la economía familiar.

