La crisis política y social que atraviesa Bolivia volvió a colocar al expresidente Evo Morales en el centro del escenario nacional. Desde el Trópico de Cochabamba, donde permanece protegido por organizaciones cocaleras para evitar una orden de aprehensión en su contra, el exmandatario recuperó influencia en medio de las movilizaciones, bloqueos y enfrentamientos que desde hace semanas mantienen al país bajo tensión. Aunque ya no controla el Movimiento al Socialismo (MAS) ni puede postular nuevamente a la Presidencia, Morales conserva capacidad de movilización y continúa siendo un actor clave dentro del conflicto político boliviano.
Durante las últimas semanas, sectores campesinos, indígenas, sindicales y organizaciones afines al expresidente se sumaron a las protestas y bloqueos que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz y la convocatoria a nuevas elecciones. La situación provocó desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos, además de severas afectaciones económicas en varias regiones del país, especialmente en La Paz y El Alto.
En este escenario, Morales reapareció políticamente desde el Chapare cochabambino, donde permanece refugiado desde hace más de un año bajo resguardo de las Seis Federaciones del Trópico. El exmandatario enfrenta un proceso judicial por presunta trata de personas y el supuesto embarazo de una menor de edad durante su gestión presidencial, acusaciones que rechaza asegurando que forman parte de una persecución política impulsada para impedir su retorno al escenario nacional.

Tras no presentarse al inicio del juicio en Tarija, un tribunal lo declaró en rebeldía y emitió una nueva orden de aprehensión en su contra. Desde entonces, Morales permanece prácticamente confinado en Lauca Ñ, una localidad considerada el corazón político y sindical del movimiento cocalero.
Pese a los procesos judiciales y a haber perdido el control formal del MAS, el expresidente mantiene una importante estructura de apoyo en sectores sindicales y campesinos del Chapare. Analistas consideran que su principal fortaleza sigue siendo la capacidad de movilización social y presión callejera, mecanismo que marcó su ascenso político hace más de tres décadas.
La tensión se incrementó aún más la noche del miércoles, luego de que un apagón afectara a varias poblaciones del Trópico de Cochabamba, entre ellas Villa Tunari, Chimoré, Shinahota e Ivirgarzama. El corte de energía, que duró más de dos horas, generó alarma inmediata entre sectores cocaleros que denunciaron una supuesta operación para capturar a Morales.
Dirigentes de las Seis Federaciones del Trópico denunciaron presuntos movimientos logísticos de fuerzas policiales y militares en la región. A través de radios locales, grupos de WhatsApp y redes sociales, se difundieron mensajes convocando a movilizaciones urgentes y al reforzamiento de bloqueos en las carreteras del Chapare.
Tras conocerse el apagón, grupos afines a Morales instalaron vigilias alrededor de instalaciones de Umopar en Chimoré, encendieron llantas y reforzaron los puntos de bloqueo ante el temor de una intervención policial. Algunos dirigentes incluso afirmaron que el corte de energía habría sido “ordenado desde arriba” como parte de un supuesto plan para detener al exmandatario.

El vicepresidente de las Seis Federaciones, Dieter Mendoza, aseguró que las organizaciones sociales se encontraban “listas para defender” a Morales y denunció una presunta intención de militarizar el Trópico cochabambino. Otros dirigentes llamaron a las bases campesinas y cocaleras a trasladarse hacia Lauca Ñ para proteger al líder político.
Sin embargo, autoridades de Gobierno y representantes del sistema eléctrico señalaron que el corte habría sido provocado por una falla técnica relacionada con la desconexión de un generador, versión que aún debía ser confirmada oficialmente mediante un informe técnico. Horas después, el servicio eléctrico comenzó a restablecerse gradualmente en distintas comunidades de la región.
A pesar del retorno de la energía, las organizaciones sociales mantuvieron el estado de alerta y continuaron con los bloqueos y vigilias en distintos puntos del Chapare. El episodio dejó en evidencia el alto nivel de tensión y desconfianza que existe actualmente entre el Gobierno y los sectores afines a Morales.
Mientras tanto, el presidente Rodrigo Paz endureció sus críticas contra el exmandatario y lo acusó de impulsar la conflictividad social para intentar desestabilizar al Gobierno democrático. El jefe de Estado aseguró que Morales busca forzar una salida anticipada de su administración mediante presión callejera y bloqueos.
Paz también afirmó que Bolivia no puede permitir que “las movilizaciones estén por encima del voto popular” y defendió la legitimidad de su mandato obtenido en las elecciones de 2025. No obstante, el Ejecutivo continúa enfrentando creciente presión debido al impacto económico y social de los bloqueos, que ya llevan casi un mes afectando el abastecimiento y la circulación en varias regiones del país.
Expertos consideran que, aunque Morales conserva influencia en sectores sindicales y cocaleros, su liderazgo enfrenta importantes límites políticos. Su inhabilitación constitucional para volver a postular, las divisiones internas dentro del MAS, el desgaste de su imagen y las denuncias judiciales reducen considerablemente sus posibilidades de regresar formalmente al poder.
Sin embargo, analistas coinciden en que el expresidente aún mantiene capacidad de presión sobre el sistema político boliviano debido al peso histórico y organizativo que conserva en el Chapare y en determinados movimientos sociales.
Actualmente, Lauca Ñ continúa convertido en el principal centro de operaciones y resguardo político de Morales. La zona permanece bajo vigilancia permanente de organizaciones campesinas y cocaleras que mantienen controles, vigilias y bloqueos ante cualquier posibilidad de intervención estatal.
En medio de una crisis que combina conflictividad política, deterioro económico y creciente tensión social, la figura de Evo Morales volvió a convertirse en uno de los factores más sensibles e influyentes dentro del escenario boliviano actual.


